La región de América Latina y el Caribe ha alcanzado grandes avances en materia de derechos humanos, consolidación de la democracia y fortalecimiento de la sociedad civil. Los niveles de pobreza extrema han logrado reducirse en varios países y se ha avanzado en el acceso a la educación, la disminución de la mortalidad infantil y la igualdad de género.

No obstante, sigue siendo la región con mayores desigualdades en el mundo. Existen grandes diferencias entre países y entre grupos poblacionales. El 33.6% de su población vive en la pobreza y el 13.4% en la pobreza extrema, que se concentra particularmente en las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Especialmente para estos grupos, el acceso a los servicios básicos, a la salud y a la salud reproductiva, es muy precario y responde con frecuencia a prácticas discriminatorias. Cerca de 218 millones de personas están excluidas de los sistemas de seguridad social y entre el 20% y el 70% de la población no puede hacer uso de los sistemas de salud cuando lo requiere. El origen étnico sigue siendo un obstáculo para acceder a servicios de calidad que tengan como base los derechos.

La salud reproductiva es una piedra angular para lograr el desarrollo y la disminución de la pobreza- sigue viéndose, en muchos de los casos, como un elemento tangencial. Las metas relacionadas con la salud reproductiva son las que presentan menos avances. Entre las poblaciones más pobres, con menos educación, indígenas o afrodescendientes, persiste una importante demanda insatisfecha de anticonceptivos, un alto número de embarazos no deseados, embarazos en adolescentes, muerte infantil y materna, al igual que abandono escolar y desventajas marcadas por el género, como lo son las mayores dificultades para tener acceso al trabajo remunerado dentro de la economía formal.

En materia de VIH, el Caribe es la segunda región más afectada después de África subsahariana. No obstante estas circunstancias, temas como la educación sexual para los jóvenes, la prevención del VIH o la anticoncepción de emergencia, generan fuertes polémicas; y las nuevas políticas de salud reproductiva se enfrentan a múltiples obstáculos para ser implementadas y traducirse en servicios reales para los individuos.

Más de un tercio de las mujeres ha sido víctima de abusos sexuales, casi la mitad ha sido amenazada por su pareja y el creciente número de feminicidios se ha transformado en una preocupación regional. Hasta ahora, no se ha logrado abordar la violencia de género desde una perspectiva amplia e integradora, ni garantizar que las víctimas tengan acceso a la justicia.

Por otro lado, la población atraviesa por un proceso de transición demográfica caracterizado por el incremento en la proporción de adolescentes y jóvenes y el creciente envejecimiento. Estos cambios en la estructura poblacional representan una gran oportunidad de desarrollo, pero que sólo podrá capitalizarse a través de acciones eficaces e inversiones estratégicas. Entre ellas, la mayor inversión y atención en las necesidades de trabajo, educación y salud reproductiva de los jóvenes, así como la consideración del impacto del envejecimiento de la población en los sistemas de seguridad social.

La cifra de migrantes internacionales se ha incrementado de manera significativa del año 2000 a la fecha. En países como El Salvador, casi un sexto de la población ha emigrado y en Granada y las Antillas Holandesas lo ha hecho más de la mitad. Debido a las remesas, la migración representa una importante fuente de recursos para muchas familias de América Latina y el Caribe, pero, al mismo tiempo, quienes migran -especialmente las mujeres- se ven expuestos a situaciones de riesgo y transgresiones a sus derechos.

La creciente migración interna hacia las ciudades ha transformado a la región en la más urbanizada del mundo en desarrollo. Más del 75% de la población vive en núcleos urbanos en los que se concentran grandes zonas marginadas. Nuevos asentamientos de poblaciones pobres se ubican en áreas de alto riesgo donde la vulnerabilidad es muy alta y las condiciones muy precarias.

Asimismo, América Latina y el Caribe es una región muy expuesta a fenómenos naturales susceptibles de provocar grandes desastres. La frecuencia de estos es una de las causas de la volatilidad económica de muchos países del Caribe.

Con base en un profundo análisis del contexto político, económico, social y cultural de la región, y tomando en cuenta su complejidad, UNFPA desarrolló un conjunto de estrategias regionales a aplicar en sus áreas temáticas principales. Estas estrategias son el eje central del Plan de Acción del Programa Regional y están en línea con el Plan Estratégico 2008-2011. Su objetivo es colocar los asuntos de población y desarrollo, salud y derechos reproductivos e igualdad de género, como puntos medulares de las agendas de desarrollo a nivel nacional y regional.